Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)


¿Qué es el TDAH?

El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) es un trastorno de conducta que aparece en la infancia, y que se suele diagnosticar en torno a los 7 años de edad. Se manifiesta como un aumento de la actividad física, impulsividad y dificultad para mantener la atención en una actividad durante un periodo de tiempo continuado.

Causa del TDAH

La causa es desconocida. Sin embargo, cada vez se tienen más evidencias de que se trata de un trastorno heterogéneo, multifactorial, del cuál parece improbable encontrar una única causa.
Los conceptos iniciales que lo definían como "daño cerebral mínimo" han evolucionado gracias a estudios en neurociencias, para buscar la causa del TDAH.
Por otro lado, los factores psicosociales no se consideran actualmente como la principal causa del TDAH, pero el estudio de las disfunciones familiares existentes en niños con esta patología ha revelado que estos factores psicosociales tienen un importante papel en el desarrollo de los síntomas, en la aparición de otros problemas asociados al TDAH, y en el diseño de los tratamientos.
Debe descartarse como origen o causa del TDAH a los padres del niño o sus métodos educativos. No es un problema social ni de mala educación, ni de características particulares de ciertos niños a los que "se le van a pasar con la edad", sino de un trastorno concreto, con características clínicas y que en la actualidad  se puede tratar adecuadamente.

Diagnóstico

Para el diagnóstico de TDAH no es necesario realizar pruebas de neuroimagen salvo en casos concretos. No obstante, dichas pruebas realizadas en trabajos de investigación, están ayudando a conocer qué pasa en el cerebro de los niños con TDAH y en concreto si se detectan factores que puedan ser causa del TDAH. Con las pruebas de neuroimagen se ha visto que en algunas zonas concretas del cerebro, hay una actividad menor de la esperada, que estaría en relación con la falta de atención y el exceso de movimiento.


Aunque para su diagnóstico no exista una prueba concreta que lo determine con total seguridad (al igual que otras enfermedades como la enfermedad de Alzheimer, las migrañas, varias formas de meningitis o la gripe) debemos tener en cuenta que las pruebas de neuroimagen muestran las carencias de neurotransmisores que son causa de algunos de los síntomas que caracterizan a este trastorno.

El juego recreativo y las habilidades sociales



El juego ha estado presente en todas las épocas y en todas las culturas generando aprendizajes y constituyéndose como un medio de interacción con un gran valor socializador. La recreación es un conjunto de acciones que contribuyen al desarrollo individual y social. El juego es participación activa e intervención comprometida con uno mismo y con los demás.

Desde los ámbitos de la pedagogía y la psicología se constata que el juego aporta alegría, diversión, exploración de capacidades y establecimiento de relaciones.

Los juegos son actividades lúdicas y socializadoras que implican una serie de normas y reglas que hay que seguir para desarrollar adecuadamente su dinámica y alcanzar la diversión y el entretenimiento. El cumplimiento de normas en el juego implica valores como el respeto, la ayuda, la solidaridad y el compañerismo que repercuten en el desarrollo armonioso del juego produciendo en los participantes estados emocionales adecuados para el aprendizaje y desarrollo de habilidades sociales que favorecen en entendimiento y permiten resolver conflictos de manera pacífica mediante el consenso y la aceptación de normas por parte de todos los participantes.
El juego desempeña una función positiva en el desarrollo del lenguaje tanto verbal como no verbal, promueve la creatividad y la imaginación, sirve para explorar el mundo que nos rodea, produce valores y actitudes, refuerza la convivencia e induce a nuevas experiencias.

El juego y las Habilidades Sociales están estrechamente vinculados. El juego implica la interacción entre personas, fomenta la relación, cooperación y comunicación grupal y promueve la socialización y la adaptación socio-emocional. En el contexto escolar el juego se concibe como una herramienta educativa y socializadora caracterizada por su función de simulación. En el juego los participantes, a través de la imaginación recrean ambientes y situaciones ficticias donde se ponen en juego problemáticas y emociones que permiten liberar y canalizar tensiones acumuladas en la vida real, convirtiendo al juego en una actividad adaptativa que busca el equilibrio entre el mundo interior de la persona y el mundo exterior con el que interacciona. El juego proporciona la posibilidad de construir aprendizajes significativos en el manejo de instrucciones y reglas.


En relación a las Habilidades Sociales adquiridas mediante el juego, algunos autores señalan que el juego se adapta a las circunstancias cambiantes de cada situación concreta de manera que el aprendizaje se basa en la práctica pero no en la repetición de manera que el participante debe supervisar continuamente lo que está haciendo y adaptarse a los cambios cuando sea necesario. 

Musicoterapia y las habilidades sociales


La música es un lenguaje universal presente en todas las sociedades y culturas. La capacidad para comprender y compartir la música la manifestamos desde el nacimiento, es decir, es innata.


El descubrimiento de los beneficios de la música no es reciente. Distintas culturas como la china o la griega utilizaban la música para sanar el cuerpo y elevar el alma, considerándola como base de la educación y la medicina. A través de la historia muchos fueron los autores que componían música curativa contra las jaquecas, las melancolías o el insomnio. 
Con el surgimiento de la psiquiatría comenzó a utilizarse la música como parte del tratamiento en enfermos mentales. Los resultados fueron tan favorables que, la musicoterapia se ha ido expandiendo a otros ámbitos para el tratamiento de diversas problemáticas como pacientes con cáncer, residencias de ancianos, escuelas de educación especial o personas con dificultades crónicas de comunicación.

En el contexto educativo existe abundante evidencia empírica acerca de la relación entre la música, el cuerpo y las habilidades sociales. La música ayuda a los niños a expresarse, adaptarse a las situaciones y resolver conflictos, desarrollar el sentido de pertenencia, compartir experiencias y distraerse. 

La musicoterapia reduce la ansiedad, aumenta el nivel de interacción y comunicación social, mejora el desarrollo emocional y proporciona un mayor equilibrio psicofísico en niños con trastornos de aprendizaje, trastornos psicomotores, autismo, déficits sensoriales y dificultades de comunicación.
Pero la música se puede utilizar en otros ámbitos dados los beneficios que aporta al bienestar de las personas. Las personas asociamos la musca a muchas experiencias vitales, de manera que, cuando escuchamos una melodía que estuvo presente en nuestro pasado, sus acordes y notas nos evocan, dependiendo del tipo de canción, recuerdos tristes, alegres. 

La música genera determinados estados emocionales (alegría, relajación, tristeza…) en aquellos que la escuchan.

Arteterapia y las habilidades sociales


Ya los antiguos clásicos conocían los beneficios que aportaba el arte en el bienestar de las personas, sin embargo no fue hasta la II guerra mundial cuando se consolidó la utilización del arte como tratamiento terapéutico. Desde entonces la expresión artística es utilizada como terapia expresiva para mejorar y desarrollar el autoconocimiento o para sobrellevar algún estado emocional negativo como por ejemplo una enfermedad. A través del arte muchas personas consiguen manifestar emociones y pensamientos que de otra forma les resulta de gran dificultad. Esta manera de expresarse aporta confianza y seguridad en uno mismo.

El arteterapia permite construir una imagen u objeto sobre el cual recae la expresión subjetiva (de pensamientos y emociones), observarse a sí mismo y ponerse en el lugar de los demás. La persona trata de crear y proyectar espontáneamente desde su mundo interior, es decir no imita la realidad. Por ello una de las técnicas que más se utiliza en la Libre Expresión que no se centra en el resultado sino en el proceso permitiendo que la persona observe y explore de manera continua la construcción de su obra. Facilita la elaboración de imágenes propias, conduce a la persona a establecer una relación entre el mundo real y sus conflictos internos, entendiendo el entorno que le rodea y hallando respuestas a sus necesidades.

En España el arteterapia se ha utilizado fundamentalmente en los ámbitos de la medicina y de los servicios sociales con personas que presentaban problemáticas muy diversas como son adicciones, maltratos, enfermedades, depresión o trastornos de la personalidad. Numerosos estudios concluyen que el arteterapia utiliza los ámbitos educativo, psicológico y artístico para rehabilitar padecimientos psicológicos porque facilita entre otros la expresión y manejo de emociones, la reflexión, el sentimiento de ser capaz, el aprendizaje de habilidades sociales y de afrontamiento.

La enseñanza de las Habilidades Sociales en el contexto escolar


El contexto escolar proporciona un entorno idóneo para la adquisición y desarrollo de las Habilidades Sociales, pero para ello se requiere una planificación previa, coherente y coordinada que pase por considerar todos los elementos curriculares para poder incorporar dichas habilidades en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
La Ley de Educación vigente en el Estado Español, no incluye las Habilidades Sociales en el currículo de manera explícita, aunque hace referencia a las mismas a través de los valores y actitudes que el alumnado debe adquirir en el transcurso de la escolarización obligatoria.
El Real Decreto 1631/2006, establece ocho competencias básicas que el alumnado debe adquirir a lo largo de la escolarización. De ellas, tres están relacionadas con las Habilidades Sociales:
·        Competencia social y ciudadana
Entre las habilidades de esta competencia destacan conocerse y valorarse, saber comunicarse en distintos contextos, expresar las propias ideas y escuchar las ajenas, ser capaz de ponerse en el lugar del otro y comprender su punto de vista aunque sea diferente al propio  tomar decisiones en los distintos niveles de la vida comunitaria, valorando conjuntamente los intereses individuales y los del grupo. Además implica la valoración de las diferencias a la vez que el reconocimiento de la igualdad de derechos entre los diferentes colectivos, la práctica del dialogo y la negociación para llegar a acuerdos como forma de resolver los conflictos tano en el ámbito personal como en el social.
·        Competencia para aprender a aprender
Esta competencia tiene dos dimensiones fundamentales. Por un lado, la adquisición de la conciencia de las propias capacidades (intelectuales, emocionales, físicas) del proceso y las estrategas necesarias para desarrollarlas, así como de los que se puede hacer por uno mismo y de lo que se puede hacer con ayuda de otras personas o recursos. Por otro lado, disponer de un sentimiento de competencia personal, que redunda en la motivación, la confianza en uno mismo y el gusto por aprender.
·        Competencia de autonomía e iniciativa personal
Esta competencia se refiere, por una parte, a la adquisición de la conciencia y aplicación de un conjunto de valores y actitudes personales interrelacionadas, como la perseverancia, la autoestima, la autocrítica, el conocimiento de sí mismo, la creatividad, el control emocional, la capacidad de elegir, la capacidad de posponer la necesidad de satisfacción inmediata, la capacidad de afrontar los problemas, de aprender de los errores y de asumir riesgos. Por otra parte, remite a la capacidad de elegir con criterio propio y de llevar adelante las acciones necesarias para desarrollar los planes y las opciones personales, responsabilizándose de ellos tanto en el ámbito personal, como laboral y social.

La introducción de las Competencias Básicas en el currículo, clarifica aun mas la necesidad de aprender Habilidades Sociales como instrumento para alcanzar el desarrollo integral del alumnado.  

Adquisición de las Habilidades Sociales en el contexto escolar

Las Habilidades Sociales se adquieren a través del proceso de socialización en el que niños y adolescentes interactúan mediante el contacto directo. Esta relación bidireccional les produce consecuencias favorables o desfavorables en función de sus habilidades y capacidades para manejar cada situación en base a su experiencia previa y a las emociones implicadas.

Desde hace varias décadas se han introducido, en el contexto escolar, programas de intervención para la adquisición de las Habilidades Sociales para facilitar el aprendizaje y hacer frente a las limitaciones sociales de los alumnos con el objetivo de mejorar los resultados académicos y favorecer la inclusión social.
Las Habilidades Sociales, al igual que ocurre con el aprendizaje de otros comportamientos, deben adquirirse a través del ejercicio práctico, de tal forma que, cuando las personas son expuestas a situaciones que requieren el uso, manejo y desarrollo de Habilidades Sociales, adquieren una mayor confianza que repercute directamente en el desarrollo adecuado y efectivo de dichas habilidades.


La adquisición eficiente y adecuada de las Habilidades Sociales en el contexto educativo contribuye a alcanzar una mejor asimilación de conocimientos puesto que los estudiantes estarían liberados de las cargas emocionales como el cansancio, el miedo, el dolor, la tensión o la sensación de descontrol entre otros que, según algunos autores, actúan como inhibidores del aprendizaje. La adquisición de estas habilidades también parece ser que disminuye las situaciones problemáticas en el aula como falta de compañerismo y solidaridad, peleas, aislamiento, discusiones o agresiones que frecuentemente se señalan como una de las causas del fracaso escolar.

Habilidades sociales en el contexto escolar


La escuela es, tras la familia, el segundo agente socializador. En el centro educativo el alumnado aprende a convivir con adultos que no son parte de su familia, desarrollan actitudes hacia el mundo que les rodea, se relacionan con sus iguales y adquieren normas y valores. Las Habilidades Sociales que se adquieren en el contexto escolar inciden considerablemente en el desarrollo de su competencia social así como en  la construcción de su personalidad.

Las Habilidades Sociales aparecen en el currículo de forma aislada y difusa, formando parte del aprendizaje no formal. El currículo escolar sigue priorizando y centrando su atención en los aspectos académicos e intelectuales relegando a un segundo plano el bienestar personal.

El contexto escolar es un microsistema con sus propios patrones de funcionamiento, normas de convivencia y justicia. Para la adquisición eficaz de las Habilidades Sociales en este microsistema y desde un enfoque preventivo diversos autores plantean la elaboración de programas de intervención adecuados a las características de cada contexto y señalan la importancia de dotar al profesorado de herramientas adecuadas para hacer frente a los posibles déficits en Habilidades Sociales que pueda presentar el alumnado.

Habilidades sociales

Las Habilidades Sociales son conductas que aprendemos y desarrollamos mediante el ejercicio práctico, que nos proporciona la facilidad para manifestarlas y nos permite la convivencia pacífica y la integración social. Estas conductas son los instrumentos que utilizamos para solucionar de forma satisfactoria y efectiva todo tipo de situaciones sociales, problemas y conflictos que nos encontramos en nuestro contexto personal, social, ambiental y cultural.
La carencia de Habilidades Sociales es un lastre para el desarrollo afectivo y profesional de las personas. Algunos autores constatan que el entrenamiento en Habilidades Sociales constituye una gran prevención ante trastornos psicológicos y conductas violentas y remarcan que la escuela es un entorno privilegiado para su educación.

El entrenamiento de estas habilidades en la escuela propiciaría que los alumnos estuvieran preparados para la convivencia. La convivencia tiene un papel protagonista en la formación integral de los alumnos y es en los centros educativos donde la convivencia se convierte en un factor clave para alcanzar la competencia social y el desarrollo del propio proyecto de vida. 

Inteligencia emocional en la vejez

En gerontología, recientemente se acepta que la experiencia y regulación de las emociones son básicas para el funcionamiento humano y deben tomarse en cuenta para entender y potenciar el bienestar y la calidad de vida de las personas que enfrentan el proceso envejecimiento.

Razones para estudiar la inteligencia emocional en la vejez:
ü      Las emociones se encuentran en constante interacción con los procesos cognitivos.
ü      Influyen en la toma de decisiones.
ü      Repercuten en el razonamiento o la ejecución en tareas perceptivas.
ü      Pueden afectar procesos como la atención, la percepción, el pensamiento y la memoria.
ü      Proporcionan las bases para la interacción entre las personas.

Existen dos principales enfoques en el estudio de las emociones en el envejecimiento:
1)      Como variables predictoras y mediadoras de la salud y la calidad de vida de las personas mayores. Estudia el papel de las emociones positivas y negativas, su control y regulación,

2)      Como variables de resultado o componentes de la experiencia de bienestar de las personas mayores, con respecto a la experiencia emocional en otras edades.

Inteligencia emocional

La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. El término Inteligencia Emocional se refiere a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en relación con los demás. No es ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas. La Inteligencia Emocional se desarrolla con la edad y la experiencia, desde la infancia hasta la edad adulta.
Existen cinco emociones reconocidas como AMATE en algunas escuelas de Inteligencia Emocional y se definen como:
Ø      Amor: aceptación, adoración, afinidad, amabilidad, amor desinteresado, caridad, confianza, devoción, dedicación, y gentileza.
Ø      Miedo: ansiedad, desconfianza, nerviosismo, inquietud, terror, preocupación, aprehensión, remordimiento, sospecha, pavor y pánico.
Ø      Alegría: disfrute, felicidad, alivio, extravagancia, deleite, dicha, diversión, estremecimiento, éxtasis, gratificación, orgullo, placer sensual, satisfacción y manía.
Ø      Tristeza: aflicción, autocompasión, melancolía, desaliento, desesperanza, pena, duelo, soledad, depresión y nostalgia.

Ø      Enojo: enojo, mal genio, atropello, fastidio, molestia, furia, resentimiento, hostilidad, animadversión, impaciencia, indignación, ira, irritabilidad, violencia y odio.
Con el tiempo se han agregado algunas emociones que se consideran secundarias:
Ø      Sorpresa: asombro, estupefacción, maravilla y shock.
Ø      Vergüenza: arrepentimiento, humillación, mortificación, pena, remordimiento, culpa y vergüenza.
Ø      Aversión: repulsión, asco, desdén, desprecio, menosprecio y aberración.